La infraestructura subterránea gana cada vez más importancia como una alternativa para proteger servicios esenciales como electricidad, telecomunicaciones, agua y centros de datos. El aumento de riesgos climáticos, fallas, ataques y nuevas necesidades urbanas ha impulsado el interés por llevar instalaciones críticas debajo de la superficie.
Una de las tecnologías que busca acelerar este cambio es la desarrollada por EarthGrid, empresa estadounidense que trabaja con sistemas de perforación mediante plasma. Durante una prueba realizada en California, su maquinaria consiguió atravesar tres metros de granito utilizando temperaturas extremadamente elevadas.
Infraestructura subterránea: nuevas tecnologías para construir túneles
El sistema de EarthGrid utiliza antorchas de plasma que provocan un choque térmico sobre la roca y permiten fragmentarla. La compañía señala que su tecnología puede emplearse en proyectos relacionados con energía, fibra óptica, agua y distintos tipos de tuberías.
La innovación resulta relevante porque la construcción tradicional de túneles suele ser costosa y lenta. De acuerdo con especialistas citados por la BBC, normalmente los avances en este sector se miden en milímetros por minuto, por lo que cualquier tecnología capaz de aumentar significativamente la velocidad podría modificar la manera en que se desarrollan grandes obras.
Sin embargo, soterrar infraestructura no solamente responde a una cuestión de velocidad. También puede reducir la exposición de instalaciones críticas a fenómenos externos y facilitar determinadas labores de mantenimiento.
Infraestructura subterránea: energía y telecomunicaciones bajo tierra
El sector eléctrico ofrece algunos de los ejemplos más claros. En Londres, National Grid desarrolla el proyecto London Power Tunnels, una red de túneles profundos destinada a alojar cables eléctricos de alta tensión.
La primera fase construyó 32 kilómetros de túneles, mientras que la segunda contempla otros 32.5 kilómetros en el sur de la capital británica. El objetivo es colocar nuevos cables lejos de las calles para disminuir las interrupciones y permitir futuras ampliaciones de capacidad.
El proyecto también involucró a Arup y a especialistas como Joseph Gallagher, empresa dedicada a trabajos de excavación y construcción subterránea.
En el caso de las telecomunicaciones, la protección también puede extenderse al fondo marino. TeleGeography ha documentado que algunos cables submarinos son enterrados en zonas de riesgo para disminuir la posibilidad de daños, incluidos aquellos provocados por actividades marítimas.
Infraestructura subterránea: centros de datos buscan mayor protección
Los centros de datos representan otro sector donde esta tendencia comienza a adquirir relevancia. En Italia, el proyecto Trentino DataMine desarrolló Intacture, un centro de datos ubicado aproximadamente 100 metros bajo tierra dentro de una mina activa en las Dolomitas.
La instalación aprovecha las condiciones naturales de la montaña para mantener temperaturas estables y reducir las necesidades de refrigeración. El proyecto fue desarrollado mediante una asociación público-privada con participación de la Universidad de Trento y comenzó operaciones en 2026.
La protección física que proporciona la roca también puede convertirse en una ventaja frente a determinadas amenazas. El caso ha sido relacionado con una tendencia que algunos especialistas describen como una expansión de los centros de datos subterráneos.
Infraestructura subterránea: una solución con límites
La búsqueda de instalaciones más protegidas también está relacionada con el contexto geopolítico. La guerra entre Rusia y Ucrania ha llevado a algunos países y empresas a prestar mayor atención a la vulnerabilidad de las instalaciones ubicadas en superficie.
Alexander RE Taylor, especialista de la Universidad de Exeter, ha analizado el crecimiento de instalaciones de datos bajo tierra, mientras que empresas de ingeniería como Joseph Gallagher han observado interés en proyectos de infraestructura subterránea.
Aun así, los expertos advierten que no todo puede enterrarse. La construcción subterránea puede costar varias veces más que algunas alternativas superficiales y también implica riesgos como inundaciones, acumulación de gases y dificultades de acceso.
El futuro, por ello, apunta más a una selección estratégica que a esconder toda la infraestructura bajo tierra. Las instalaciones que sean difíciles de reemplazar o fundamentales para mantener funcionando una ciudad podrían convertirse en las principales candidatas para este tipo de protección.
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