Los alimentos en Cuba se han convertido en uno de los principales problemas económicos y sociales de la isla. Aunque el país cuenta con millones de hectáreas de superficie agrícola y condiciones climáticas favorables para distintos cultivos, la producción nacional no alcanza para cubrir las necesidades de su población.
De acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, Cuba importa alrededor de 80% de su suministro de alimentos, con un costo aproximado de 2 mil 400 millones de dólares al año. El organismo advierte que la dieta promedio de los hogares enfrenta problemas de cantidad, variedad y calidad nutricional.
Alimentos en Cuba: una dependencia que tiene raíces históricas
La situación actual tiene antecedentes que se remontan a décadas atrás. Durante buena parte de su historia económica, Cuba dependió de la producción de azúcar como una de sus principales fuentes de ingresos.
El país exportaba azúcar y utilizaba los recursos obtenidos para comprar productos que no producía en cantidades suficientes. Antes de la Revolución de 1959, Estados Unidos era uno de sus principales proveedores agrícolas, mientras la producción nacional incluía carne, leche, arroz y otros alimentos.
Después de 1959, el gobierno cubano intentó reducir esa dependencia mediante una diversificación agrícola. Sin embargo, la economía volvió a concentrarse en el azúcar y posteriormente estableció una fuerte relación comercial con la Unión Soviética.
El modelo permitió a Cuba obtener petróleo, fertilizantes, maquinaria y otros insumos a cambio de azúcar. Cuando la Unión Soviética desapareció en 1991, la agricultura cubana perdió buena parte de los recursos que necesitaba para mantenerse productiva.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que la agricultura cubana sufrió un fuerte impacto durante los años noventa por la falta de fertilizantes, pesticidas, tractores, piezas de repuesto y petróleo.
Alimentos en Cuba: baja producción y falta de insumos
La crisis productiva se ha prolongado durante décadas. El campo cubano enfrenta dificultades para conseguir combustible, maquinaria, fertilizantes, semillas, sistemas de riego y transporte.
La FAO también ha documentado problemas recientes derivados de fenómenos meteorológicos. En 2024, los huracanes Oscar y Rafael dañaron unas 15 mil hectáreas de cultivos y provocaron pérdidas en sectores agrícolas y pecuarios.
Los problemas energéticos agravan la situación. Los apagones afectan sistemas de bombeo, refrigeración, almacenamiento y transporte, lo que puede provocar pérdidas incluso después de que los alimentos son cosechados.
Además, la superficie agrícola disponible no se aprovecha completamente. Según la FAO, Cuba tiene poco más de 6.6 millones de hectáreas de superficie agrícola, pero alrededor de 3 millones se encuentran cultivadas.
Alimentos en Cuba: el problema del sistema agrícola
Otro elemento señalado por especialistas es la forma en que se organiza la producción. El Estado mantiene una participación predominante en la propiedad y regulación de la tierra, mientras productores privados y cooperativas trabajan una parte importante de las áreas productivas.
La comercialización también representa un desafío. Durante años, los agricultores han tenido que entregar determinadas cantidades de producción a mecanismos estatales, mientras enfrentan dificultades para conseguir insumos y obtener precios que hagan rentable la actividad.
La FAO y el Ministerio de la Agricultura de Cuba han impulsado proyectos para mejorar la comercialización, reducir pérdidas y fortalecer los mercados agropecuarios. En 2024, siete mercados y 12 puntos de venta recibieron equipamiento para almacenamiento, refrigeración y transporte.
El problema, sin embargo, no se limita a la producción. También existe una cadena de distribución debilitada que dificulta llevar los productos desde el campo hasta los consumidores.
Alimentos en Cuba: reformas frente a una crisis prolongada
El gobierno cubano ha anunciado reformas para intentar aumentar la producción nacional y reducir la dependencia de las importaciones. El nuevo plan del Programa Mundial de Alimentos para 2026-2030 contempla fortalecer los sistemas alimentarios locales, mejorar el acceso a mercados y aumentar la capacidad de producción frente a fenómenos climáticos.
También existen proyectos internacionales destinados a mejorar la productividad. La FAO ha identificado oportunidades de inversión en granos básicos y producción destinada a la ganadería.
A esta situación se suma el embargo y las sanciones de Estados Unidos, que dificultan determinadas operaciones financieras y el acceso a algunos recursos. No obstante, especialistas consultados para el reportaje de origen señalan que la crisis alimentaria cubana responde a una combinación de factores internos y externos.
Así, la dependencia de alimentos importados es resultado de décadas de problemas estructurales, falta de inversión, pérdida de capacidad productiva, dificultades energéticas, fenómenos climáticos y restricciones económicas. El reto para Cuba no consiste solamente en producir más, sino en reconstruir una cadena agrícola capaz de sembrar, cosechar, almacenar, transportar y comercializar alimentos de manera sostenida.
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