El gobierno de San Pedro ha lanzado el programa «CASCOFF» bajo el discurso de combatir la delincuencia, un anuncio que parece añadir más desorden a la vida diaria de quienes transitan en motocicleta. Mientras se presumen operativos de «élite», surge la duda de si estamos ante una solución real o ante una táctica de marketing para ocultar las fallas de fondo en la seguridad municipal.
El bienestar de los sampetrinos no se garantiza solo con revisar cascos y papeles a repartidores y trabajadores. La falta de profesionalismo en el combate a los delitos de alto impacto se intenta disfrazar con filtros viales que, a menudo, terminan siendo un obstáculo para la movilidad y un pretexto para el abuso de autoridad en un municipio que se dice «blindado».
Resulta irónico que se hable de «vanguardia internacional» cuando las estrategias de seguridad parecen sacadas de manuales obsoletos de control social. El orden que presume la administración municipal es selectivo; la ciudadanía exige menos fotos de patrullas y más inteligencia real que detenga el crimen organizado, no solo medidas cosméticas que asfixian al tráfico.
La gestión de Mauricio Farah apuesta por programas con nombres llamativos como «CASCOFF» para intentar recuperar la paz perdida. Menos discursos de grandeza y más transparencia en el uso de los recursos de seguridad es lo que San Pedro demanda para que el municipio deje de ser un escenario de propaganda y vuelva a ser un lugar seguro de verdad.
El éxito de «CASCOFF» se medirá en la reducción de delitos reales, no en el número de multas aplicadas. Si el programa no logra detener la inseguridad que acecha a las zonas comerciales y residenciales, será recordado como otro intento fallido de un gobierno que prefiere la imagen de control sobre la tranquilidad genuina de sus ciudadanos.
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Redacción/El Nuevo Orden