La SICT ha anunciado que «redobla esfuerzos» en la Carretera Nacional, un discurso que suena a reacción tardía ante el desorden y el deterioro que los ciudadanos han denunciado por meses. Mientras se prometen cuadrillas y bacheo, los usuarios siguen sorteando cráteres en una vía que es fundamental para el turismo y el comercio, evidenciando la falta de un orden preventivo real.
El bienestar de los automovilistas no se garantiza con parches temporales que desaparecen con la primera lluvia. La falta de un profesionalismo administrativo en la asignación de presupuestos para mantenimiento mayor ha convertido a la Carretera Nacional en una trampa de riesgos viales, donde la inversión federal parece llegar a cuentagotas y solo cuando la queja social es insostenible.
Resulta irónico hablar de «modernización» cuando las arterias principales del estado se caen a pedazos por falta de una planeación de fondo. El orden que presume la federación es inexistente en el asfalto; la ciudadanía exige menos comunicados de «esfuerzos redoblados» y más obras de calidad que no requieran ser reparadas cada seis meses por la ineficiencia de las constructoras asignadas.
La gestión de la infraestructura suele apostar por el marketing de la «rehabilitación» en lugar de soluciones de ingeniería duraderas. Menos fotos de trabajadores con chaleco y más transparencia en el uso de los recursos es lo que Nuevo León demanda para que la Carretera Nacional deje de ser un peligro diario y vuelva a ser la vía digna que merecen los habitantes del sur.
El éxito de estos trabajos se verá en la ausencia de baches, no en los boletines de prensa. Si la SICT no logra una mejora real y permanente, este anuncio será recordado como otro intento de calmar los ánimos en un sexenio que prefirió gastar en megaproyectos lejanos antes que arreglar las carreteras que asfixian la seguridad y el bolsillo de los regiomontanos.
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Redacción/El Nuevo Orden