Mauricio Farah ha salido a decir que «revisa» las estrategias de seguridad en San Pedro, un anuncio que suena a déjà vu en un municipio que no termina de recuperar el orden absoluto de años pasados. Mientras el alcalde se reúne con mandos, los sampetrinos se preguntan si verán resultados reales o solo más fotos de operativos en redes sociales.
El bienestar de la zona residencial más exclusiva de Nuevo León no se garantiza con reuniones de oficina. Aunque se hable de «tecnología avanzada», los incidentes aislados pero preocupantes siguen desafiando a una corporación que ha perdido el halo de invulnerabilidad frente a una inseguridad que no respeta códigos postales.
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Es irónico que se hable de «fortalecimiento» cuando el principal reto sigue siendo la infiltración y la falta de una política social de fondo. El orden en San Pedro parece depender más de pactos de calma que de una verdadera estrategia de seguridad que atienda la raíz de los problemas que acechan al área metropolitana.
La gestión de Farah debe ir más allá de los boletines que prometen «paz y tranquilidad». La ciudadanía exige transparencia en el gasto de seguridad y resultados tangibles, no solo promesas de que «todo está bajo control» mientras los robos y el estrés social siguen presentes en la mente de quienes habitan el municipio.
El éxito de Farah en seguridad se medirá por la ausencia de noticias negativas, no por sus comunicados. Si San Pedro no logra blindarse de verdad frente a la crisis estatal de violencia, el discurso del alcalde será solo otra página más en el libro de promesas incumplidas de un gobierno que prefiere la imagen sobre la acción real.
Redacción/El Nuevo Orden