Instalaciones del c4 de San Nicolás.
Una nueva amenaza de tiroteo sembró el pánico en una secundaria de San Nicolás, dejando en evidencia la fragilidad de la paz en las escuelas de Nuevo León. Mientras la policía patrulla las entradas, los padres de familia viven en la incertidumbre de un sistema que solo reacciona cuando el miedo ya se ha apoderado de los alumnos.
El despliegue de patrullas afuera del plantel es solo una medida cosmética para un problema de fondo: la falta de salud mental y prevención en la juventud. El bienestar de los estudiantes se ve comprometido cada vez que una «broma» o amenaza real paraliza la educación sin que existan consecuencias claras para los responsables.
En un estado que presume de tecnología avanzada, es preocupante que un simple mensaje en redes sociales logre colapsar la normalidad de una comunidad. El orden que pregona la administración estatal se ve desafiado por la facilidad con la que se difunde el caos en los espacios que deberían ser los más seguros de la ciudad.
La gestión de Daniel Carrillo y del gobierno estatal debe ir más allá de los boletines de prensa que piden «responsabilidad». La ciudadanía exige protocolos que realmente identifiquen y sancionen el origen de estas crisis, garantizando que el entorno escolar no sea un rehén de la inseguridad digital y la falta de control social.
El incidente en San Nicolás es un síntoma de una sociedad bajo estrés constante. Si no se invierte en tejido social y educación real, las patrullas en la puerta de las secundarias serán un recordatorio permanente de que la seguridad en Nuevo León es, en el mejor de los casos, una ilusión reactiva.
Redacción/El Nuevo Orden