El gobierno anunció con bombo y platillo un nuevo centro gratuito para el autismo en Nuevo León. Aunque la noticia suena esperanzadora, surge en un momento donde el sistema de salud estatal enfrenta carencias básicas de medicamentos y personal en otras áreas críticas.
El proyecto promete diagnósticos y terapias integrales, pero no queda claro cómo se sostendrá la gratuidad a largo plazo sin afectar otros programas sociales. La falta de un plan detallado de presupuesto genera dudas sobre si el centro tendrá la capacidad real para atender la alta demanda de la población.
Mientras se anuncian edificios nuevos, las familias de personas con discapacidad siguen enfrentando un transporte público inaccesible y una falta de espacios de inclusión laboral real. El bienestar no se construye solo con centros especializados, sino con una ciudad que deje de segregar a quienes son diferentes.
La administración de Samuel García apuesta nuevamente por el impacto mediático de las «obras magnas». Sin embargo, el orden en las finanzas estatales es cuestionable, y la ciudadanía se pregunta si este centro contará con especialistas bien pagados o si será otra instalación subutilizada por falta de recursos.
La creación de este espacio es necesaria, pero no debe servir para ocultar el abandono de otras políticas de inclusión. El tiempo dirá si este centro de autismo se convierte en una herramienta de transformación real o si queda como un monumento más a la propaganda gubernamental de turno.
Redacción/El Nuevo Orden