La inteligencia artificial ha provocado una creciente demanda de información para entrenar modelos capaces de comprender y generar textos. Sin embargo, esta carrera por conseguir datos ha llevado a empresas vinculadas con la tecnología hasta un mercado poco habitual: las librerías de libros antiguos.
El llamado Proyecto Panamá salió a la luz después de que libreros de distintos países detectaran pedidos masivos de ejemplares que, en algunos casos, habrían sido adquiridos para posteriormente ser destruidos durante procesos de digitalización.
El caso comenzó a llamar la atención en abril de 2026, cuando Marçal Font, propietario de la Librería Fénix, en Badalona, España, recibió varios pedidos provenientes de una empresa ubicada en Canadá.
Font, quien lleva dos décadas dedicado al comercio de libros antiguos, detectó que las solicitudes tenían características poco habituales. Los pedidos llegaban con pocos minutos de diferencia, solicitaban cantidades inusuales de ejemplares y estaban acompañados por gastos de envío considerablemente elevados.
Ante la posibilidad de que se tratara de una estafa, decidió investigar junto con Xavier Vinaixa, investigador especializado en inteligencia artificial. Ambos encontraron testimonios similares de libreros en Alemania, Nueva Zelanda y otros países.
¿Qué es el Proyecto Panamá?
El nombre Proyecto Panamá comenzó a utilizarse para identificar un supuesto plan destinado a digitalizar grandes cantidades de libros con el objetivo de utilizarlos para entrenar sistemas de inteligencia artificial.
La existencia del proyecto se conoció después de que documentos relacionados con un proceso judicial contra Anthropic fueran difundidos públicamente. En septiembre de 2025, la empresa acordó pagar mil 500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva presentada por autores que acusaban a la compañía de utilizar sus obras sin autorización para entrenar sus modelos de IA.
Posteriormente, documentos relacionados con el proceso judicial hicieron referencia a un proyecto para escanear libros a gran escala.
La investigación periodística permitió conocer que distintas empresas estaban adquiriendo ejemplares antiguos y difíciles de encontrar para posteriormente digitalizarlos.
¿Por qué destruyen los libros?
Existen diferentes métodos para digitalizar un libro físico. Algunos utilizan escáneres planos o dispositivos con forma de V que permiten capturar las páginas sin desarmar la encuadernación.
Otro procedimiento es conocido como digitalización destructiva.
Esta técnica consiste en cortar el lomo del libro para separar sus páginas. Posteriormente, las hojas son introducidas en escáneres industriales de alta velocidad que pueden procesar grandes cantidades de material automáticamente.
Una vez terminado el proceso, el ejemplar ya no puede reconstruirse y sus restos pueden terminar en el reciclaje.
La principal razón para utilizar este método es la velocidad. Al separar las páginas, las empresas pueden digitalizar millones de ejemplares con mayor rapidez y a un menor costo.
Los libros se convierten en datos para la inteligencia artificial
Los grandes modelos de lenguaje, conocidos como LLM, necesitan enormes cantidades de información para aprender a identificar relaciones entre palabras, conceptos y estructuras del lenguaje.
Durante los primeros años del desarrollo de estos sistemas, buena parte de los datos utilizados procedía de internet, incluyendo páginas web, blogs, foros y otros contenidos.
Con el crecimiento de los modelos, la búsqueda de información se amplió hacia periódicos, videos, bibliotecas y libros que ya habían sido digitalizados.
Cuando ese material comenzó a resultar insuficiente, la atención se dirigió hacia publicaciones antiguas y poco comerciales que pueden contener información que todavía no ha sido incorporada a los conjuntos de datos utilizados para entrenar sistemas de IA.
Por esa razón, las librerías de segunda mano y los establecimientos especializados en libros antiguos se convirtieron en una nueva fuente de información.
Los pedidos detectados por Font incluían obras muy específicas, como publicaciones relacionadas con la historia de los embutidos catalanes, títulos que podrían contener información poco representada en los datos utilizados para entrenar modelos de inteligencia artificial.
El riesgo para los libros raros
La utilización de libros físicos para entrenar inteligencia artificial ha generado preocupación entre profesionales dedicados a la conservación del patrimonio.
Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguos de España, considera necesario distinguir entre ejemplares de tiradas masivas y aquellos que son únicos, escasos o difíciles de encontrar.
El principal temor es que las compras indiscriminadas terminen provocando la destrucción de ejemplares que podrían formar parte del patrimonio cultural.
También existe preocupación por las publicaciones que nunca fueron incorporadas al circuito editorial convencional.
Fanzines, publicaciones de contracultura, documentos políticos y materiales vinculados con movimientos sociales pueden no contar con ISBN y, por ello, quedar fuera de los procesos de digitalización comercial.
Estos documentos pueden contener información relevante para investigadores y futuras generaciones.
Digitalizar no significa conservar
Uno de los principales cuestionamientos al Proyecto Panamá es que convertir un libro físico en un archivo digital no significa necesariamente conservar toda la información que contiene.
Un ejemplar puede tener anotaciones realizadas por sus propietarios, una encuadernación particular, ilustraciones, sellos, dedicatorias, marcas de uso o información sobre su procedencia.
Todos esos elementos forman parte de la historia del libro, pero pueden desaparecer cuando únicamente se conserva el texto digitalizado.
Además, los archivos generados durante estos procesos pueden permanecer en bases de datos privadas y no necesariamente estar disponibles para investigadores, bibliotecas o lectores.
Los especialistas consideran que los metadatos son fundamentales para conservar el contexto y las características físicas de una obra.
Dos libros con el mismo contenido pueden tener un valor histórico diferente si uno perteneció a una persona relevante, contiene anotaciones particulares o cuenta con una encuadernación artesanal.
La inteligencia artificial enfrenta un nuevo límite
La carrera por encontrar información también plantea dudas sobre el futuro de los modelos de inteligencia artificial.
Xavier Vinaixa considera que los datos pueden convertirse en uno de los principales límites para continuar desarrollando sistemas cada vez más avanzados.
Cuando el contenido producido por seres humanos resulte insuficiente, las empresas podrían recurrir a datos sintéticos generados por las propias inteligencias artificiales.
Esta alternativa también genera preocupación entre especialistas, ya que si los modelos comienzan a entrenarse con información producida por otras IA podrían reproducir errores existentes y alejarse progresivamente de las fuentes originales.
El proceso podría convertirse en una cadena de resúmenes cada vez más alejados del contenido inicial, provocando una pérdida progresiva de riqueza, contexto y precisión.
El caso del Proyecto Panamá deja así un debate abierto sobre el equilibrio entre innovación tecnológica y preservación cultural: mientras la IA necesita cada vez más información para continuar desarrollándose, también existe el desafío de evitar que la búsqueda de datos termine eliminando las fuentes físicas que contienen parte de la memoria escrita de la humanidad.
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