El gobierno de Donald Trump acusó a Cuba de mantener durante décadas una estrategia de subversión contra Estados Unidos, mediante espionaje, apoyo a movimientos radicales y vínculos con sectores de la izquierda estadounidense.
La acusación aparece en un informe de 100 páginas publicado el 20 de julio por el Departamento de Estado y titulado Cuba: The Capital of 21st Century Communism (“Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI”). El documento sostiene que el gobierno cubano habría construido una red de influencia que llegó incluso a instituciones estadounidenses.
El secretario de Estado, Marco Rubio, defendió públicamente el contenido del informe y presentó a Cuba como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos debido a sus vínculos históricos con movimientos revolucionarios y su supuesto papel en actividades de inteligencia.
La administración Trump también relaciona a La Habana con distintos movimientos políticos y sociales de izquierda en Estados Unidos, una interpretación que ha generado cuestionamientos entre especialistas.
¿Qué acusa Trump a Cuba?
El informe sostiene que, desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, la isla se convirtió en un centro para la promoción de movimientos revolucionarios y socialistas en América Latina, África y otras regiones.
Según el Departamento de Estado, esa influencia no habría desaparecido con el final de la Guerra Fría, sino que continuaría mediante organizaciones, activistas y grupos políticos estadounidenses.
El documento incluso vincula a Cuba con acontecimientos como los disturbios posteriores a la muerte de George Floyd, el crecimiento de Antifa y determinadas expresiones de activismo en universidades estadounidenses.
También señala a algunas figuras de la izquierda estadounidense, entre ellas Hasan Piker e Isra Hirsi, a quienes presenta como parte de una red de simpatizantes o colaboradores de la influencia cubana.
Sin embargo, el propio análisis de expertos citado por la BBC cuestiona que la existencia de vínculos políticos o ideológicos pueda demostrar que estos movimientos estén controlados directamente por el gobierno cubano.
Espionaje cubano en Estados Unidos
Uno de los argumentos que el Departamento de Estado considera más importantes es el historial de espionaje cubano.
El informe menciona casos como los de Víctor Manuel Rocha, exembajador estadounidense en Bolivia, y Ana Belén Montes, quien trabajó en la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos. Ambos fueron acusados de trabajar como agentes de Cuba.
Rocha fue condenado a 15 años de prisión después de admitir que había actuado durante décadas como agente del gobierno cubano.
El historiador Michael Bustamante, de la Universidad de Miami, reconoce que Cuba consiguió infiltrarse en instituciones estadounidenses en casos que considera relevantes, aunque advierte que eso no necesariamente demuestra que exista una estructura capaz de dirigir toda la actividad política de la izquierda estadounidense.
La Revolución Cubana como punto de partida
El documento de Washington utiliza la Revolución de 1959 como punto de partida para construir su argumento.
Durante las décadas posteriores al triunfo de Fidel Castro, Cuba respaldó movimientos insurgentes y organizaciones socialistas en distintos países. La isla también recibió a personas perseguidas políticamente y permitió que algunos grupos recibieran entrenamiento.
Uno de los episodios destacados por el informe es la conferencia Tricontinental celebrada en La Habana en 1966, que reunió a movimientos revolucionarios y organizaciones políticas de distintos países.
Para el gobierno de Trump, estos antecedentes forman parte de una estrategia que continúa hasta el presente.
Bustamante, sin embargo, considera que el informe establece una conexión demasiado directa entre acontecimientos históricos y fenómenos políticos actuales. A su juicio, la influencia que Cuba tuvo sobre movimientos de izquierda no significa necesariamente que La Habana haya dirigido esos grupos.
Cuba rechaza las acusaciones
El gobierno cubano rechazó las conclusiones del documento y calificó el informe estadounidense como un “panfleto propagandístico”.
El presidente Miguel Díaz-Canel respondió que la historia presentada por Washington no corresponde con la realidad y acusó a Estados Unidos de haber sido responsable de agresiones contra Cuba durante décadas.
Díaz-Canel sostuvo que la Revolución Cubana se ha dedicado a defenderse de las acciones estadounidenses y negó que La Habana haya buscado perjudicar al pueblo estadounidense o afectar la seguridad nacional de ese país.
¿Por qué Trump publica ahora el informe?
Una de las preguntas centrales es por qué la administración Trump decidió presentar ahora a Cuba como una amenaza de grandes dimensiones.
El historiador Bustamante plantea que existe un componente político interno. El documento menciona a organizaciones y figuras relacionadas con la izquierda estadounidense y puede convertirse, según su análisis, en una herramienta para el debate político previo a las elecciones de mitad de mandato.
El experto también plantea otra posibilidad: que la construcción de una narrativa sobre Cuba como una amenaza para la seguridad estadounidense pueda servir para justificar futuras acciones más agresivas contra la isla.
La comparación con Venezuela aparece como referencia. Bustamante recuerda que Estados Unidos utilizó anteriormente acusaciones contra Nicolás Maduro para construir una narrativa alrededor del narcotráfico antes de intensificar su presión sobre el gobierno venezolano.
Una Cuba debilitada, pero presentada como amenaza
La situación económica de Cuba contrasta con la imagen de una potencia capaz de representar una amenaza significativa para Estados Unidos.
La isla atraviesa una profunda crisis energética, con apagones prolongados y dificultades para garantizar servicios básicos. La situación se agravó después de que Cuba dejara de recibir petróleo venezolano y Washington incrementara la presión sobre los países que suministran combustible a la isla.
El Departamento de Estado sostiene, sin embargo, que la debilidad económica no significa que Cuba carezca de capacidad para generar daños. Su argumento es que la influencia de la isla sería principalmente ideológica y política.
La administración Trump ha convertido así a Cuba en uno de los principales objetivos de su política exterior hacia América Latina, mientras el gobierno de Díaz-Canel rechaza las acusaciones y denuncia una nueva escalada de presión estadounidense.