Moscú y Pekín consolidaron su coordinación estratégica durante la visita oficial del presidente ruso Vladimir Putin a China, marcada por mensajes conjuntos contra la presión occidental.
Los gobiernos de Rusia y China difundieron declaraciones en las que defendieron la construcción de un mundo multipolar y criticaron sanciones económicas unilaterales.
Ambas potencias señalaron su rechazo a políticas internacionales basadas en el uso de la fuerza y defendieron el papel de Naciones Unidas.
Durante la reunión, Xi Jinping y Vladimir Putin abordaron conflictos internacionales como la guerra en Ucrania y las tensiones en Medio Oriente.
Rusia y China criticaron los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y pidieron retomar negociaciones diplomáticas para evitar una escalada regional.
También manifestaron preocupación por la expansión militar de la OTAN hacia Asia-Pacífico y el fortalecimiento militar de Japón.
En temas económicos, ambos países rechazaron bloqueos comerciales, confiscaciones de activos y aranceles discriminatorios.
Putin reiteró además que Rusia continuará garantizando el suministro de petróleo y gas al mercado chino en medio de la crisis energética global.
Pese al acercamiento político, no se anunció un acuerdo definitivo sobre el gasoducto Fuerza de Siberia-2.
Analistas consideran que las diferencias sobre el precio del gas continúan frenando el proyecto energético entre ambos países.