El Santiago Bernabéu vivió un ambiente hostil con abucheos contra jugadores y mensajes dirigidos a Florentino Pérez.
El Santiago Bernabéu se convirtió en un auténtico tribunal para el Real Madrid. La eliminación de competencias importantes, la falta de títulos y el desgaste de una temporada decepcionante terminaron por detonar el enojo de la afición merengue, que encontró en Kylian Mbappé y en Florentino Pérez a dos de sus principales objetivos durante la noche ante el Real Oviedo.
Desde la llegada del equipo al estadio quedó claro que no sería una jornada normal. Los silbidos acompañaron al autobús madridista y el ambiente se mantuvo cargado incluso antes de que comenzara el calentamiento. Ninguno de los referentes del plantel quiso exponerse antes de tiempo ante una grada completamente molesta.
Con el paso de los minutos, la tensión aumentó dentro del estadio. El Bernabéu castigó errores, pérdidas de balón y la falta de reacción futbolística de un equipo que nunca logró reconectar con su gente. Vinicius Jr., Camavinga y Tchouaméni recibieron críticas constantes, aunque el gran señalado terminó siendo Mbappé.
El delantero francés volvió a quedar lejos de la imagen dominante que prometía su fichaje. Sin peso ofensivo y desaparecido en distintos momentos del encuentro, el campeón del mundo comenzó a sentir la presión de una afición que esperaba verlo convertirse en el nuevo rostro ganador del madridismo.
La inconformidad también golpeó directamente a la presidencia. Varias pancartas contra Florentino Pérez aparecieron en diferentes zonas del estadio antes de ser retiradas por seguridad. Los mensajes reflejaron el desgaste de un sector importante de aficionados que responsabiliza a la directiva por el fracaso deportivo de la temporada.
Paradójicamente, uno de los momentos más emotivos de la noche no estuvo relacionado con el partido. Cuando las pantallas enfocaron a Santi Cazorla, el estadio reaccionó con aplausos y respeto absoluto hacia el veterano futbolista español, quien recibió una ovación que contrastó completamente con el clima hostil que dominó el encuentro.
El Bernabéu habló fuerte y claro. La afición perdió la paciencia y comenzó el juicio público contra un equipo que prometía dominar Europa y terminó atrapado entre silbidos, presión y cuestionamientos.