Niños cuentan historias de miedo y pérdida en Medio Oriente, donde la guerra ha transformado su vida diaria en una lucha constante por sobrevivir entre bombardeos, desplazamientos y la destrucción de sus hogares.
De acuerdo con UNICEF, cientos de menores han muerto en el primer mes del conflicto, mientras miles más han resultado heridos o han sido obligados a abandonar sus comunidades.
Los relatos evidencian una realidad devastadora. Algunos niños han aprendido a identificar sonidos de aviones para anticipar ataques, mientras otros se refugian con sus familias en espacios reducidos para intentar protegerse de las explosiones.
En países como Líbano, Irán e Israel, la infraestructura básica, incluyendo escuelas y hospitales, ha sido severamente afectada, lo que limita el acceso a servicios esenciales para la niñez.
En Qatar, familias han optado por ocultar la gravedad del conflicto a sus hijos, haciéndoles creer que los estruendos son tormentas, en un intento por preservar su estabilidad emocional.
Sin embargo, expertos advierten que la exposición constante a la violencia puede generar efectos duraderos, como ansiedad, estrés postraumático y dificultades en el desarrollo cognitivo.
La situación refleja una crisis humanitaria en expansión, donde la infancia se convierte en una de las principales víctimas del conflicto armado en la región.