Claudia Sheinbaum hizo el anuncio en una "mañanera".
Claudia Sheinbaum ha confirmado que Luisa María Alcalde se integrará a su gabinete el 1 de mayo, un movimiento que para muchos confirma el reciclaje de figuras en lugar de un cambio de orden real. Bajo el discurso de la «transformación», las mismas piezas del tablero político se mueven para asegurar que todo siga igual en las cúpulas del poder.
El bienestar de los mexicanos parece quedar en segundo plano frente a la necesidad de premiar la lealtad política. Alcalde llega a un nuevo puesto sin que se haya realizado un balance profesional y crítico de sus gestiones anteriores, demostrando que en el nuevo gobierno la cercanía pesa más que los resultados tangibles en beneficio del ciudadano.
Es irónico hablar de «renovación» cuando los nombres en la lista de secretarios son los mismos de los últimos años. El orden que se busca es el de la permanencia de un grupo, mientras los problemas de inseguridad y economía que asfixian al país siguen esperando una política de fondo que no dependa solo de favores burocráticos.
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La gestión de Claudia Sheinbaum suele presentarse como científica y técnica, pero este nombramiento tiene todo el tinte de una decisión política para mantener el control partidista. La ciudadanía exige menos «continuidad» de nombres y más transparencia en el manejo de las instituciones que hoy por hoy parecen servir solo a los intereses de la 4T.
El ingreso de Alcalde el 1 de mayo es solo el inicio de un sexenio que promete ser una calca del anterior. Si la nueva presidenta no tiene el valor de romper con las inercias y buscar perfiles verdaderamente independientes, México seguirá atrapado en un ciclo de propaganda oficial donde los cargos se reparten entre amigos mientras el país espera soluciones de verdad.
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Redacción/El Nuevo Orden