Legisladores en el Congreso de Nuevo León finalmente aprobó un permiso turístico para autos foráneos, una medida que llega años tarde para frenar el «agandalle» de los tránsitos municipales contra los visitantes. Aunque se presenta como un avance, queda la duda de si este documento será un escudo real o solo un trámite más en un estado que no pone orden en sus calles.
El bienestar de los turistas se ha visto comprometido históricamente por la falta de una política de protección clara. No basta con un papel digital; lo que Nuevo León exige es una vigilancia implacable sobre las corporaciones de tránsito que ven en las placas de otros estados un signo de pesos antes que a un visitante.
Mientras se crean permisos para los de afuera, los regiomontanos siguen atrapados en el caos de una movilidad que no funciona para nadie. Los legisladores parece enfocarse en la imagen exterior del estado, mientras la inseguridad y las vialidades destrozadas son la verdadera bienvenida que reciben quienes cruzan nuestras fronteras.
La gestión de este permiso debe ser impecable para que no se convierta en otro nido de corrupción digital. La ciudadanía y los turistas exigen que Samuel García y los alcaldes garanticen que sus oficiales respeten la ley y no sigan haciendo de las suyas a pesar de que el Congreso intente ponerles un alto mediático.
El éxito de esta ley no se mide por el número de permisos tramitados, sino por la eliminación de las extorsiones. Si Nuevo León quiere ser un líder mundial, debe empezar por limpiar sus instituciones viales de raíz; de lo contrario, el permiso turístico será solo un parche más en un sistema que sigue oliendo a impunidad y falta de respeto al ciudadano.
Redacción/El Nuevo Orden