El gobierno de Samuel García celebra la entrada de 327 millones de pesos de manos empresariales para el Mundial 2026. Sin embargo, surge la duda razonable: mientras se invierte en «embellecer» los alrededores del estadio, el resto de Nuevo León sigue sufriendo por baches, falta de camiones y servicios deficientes.
El bienestar de los ciudadanos no debería ser secundario a la imagen que el estado quiere proyectar al extranjero. Esos 327 millones se gastarán en zonas que ya cuentan con infraestructura, mientras el orden en las finanzas para las colonias populares de la periferia sigue brillando por su ausencia.
Esta alianza con la IP parece ser un traje a la medida para los intereses de unos cuantos desarrolladores. El discurso de «liderazgo mundial» de la administración estatal suena vacío para quienes tienen que lidiar con la contaminación y la inseguridad que las fotos de la FIFA no van a mostrar.
La gestión de estos recursos debe estar bajo la lupa ciudadana, no solo de los mismos empresarios que aportan el dinero. Nuevo León exige que este fondo no sea un pretexto para condonaciones fiscales o favores futuros, sino una inversión que de verdad deje algo para quienes no irán a los palcos del estadio.
El Mundial 2026 pasará en unos días, pero la deuda social de Nuevo León es permanente. Si los 327 millones de pesos no se traducen en mejoras tangibles para el transporte y la seguridad de toda la ciudad, el evento será solo una fiesta de lujo pagada por el sector privado para alimentar el ego de un gobierno de imagen.
Redacción/El Nuevo Orden