Coparmex presume un aumento del 65% en los sueldos por hora en Nuevo León durante el último sexenio. Sin embargo, este crecimiento ocurre en un contexto de inflación galopante y un costo de vida que parece devorar cualquier incremento en el sobre del trabajador regiomontano.
Aunque las estadísticas del INEGI muestran mayores ingresos, las empresas advierten que el costo laboral se ha vuelto insostenible. La falta de personal técnico y las presiones fiscales están empujando a los negocios al límite, amenazando con aumentar la informalidad en un estado que se dice «vanguardista».
La comparación con sexenios anteriores busca proyectar una imagen de bonanza, pero ignora que el poder adquisitivo real sigue bajo asedio. Mientras el gobierno estatal se enfoca en anunciar inversiones, la clase trabajadora lucha por cubrir las necesidades básicas ante una canasta básica cada vez más inalcanzable.
El triunfalismo de las cifras oficiales choca con la realidad de las PyMEs, que deben lidiar con energéticos caros y falta de incentivos. El bienestar social no se construye solo con porcentajes de aumento, sino con una política económica que controle los precios y mejore la calidad de vida de fondo.
El riesgo de que la productividad no crezca al mismo ritmo que los sueldos es real y peligroso. Si Nuevo León sigue apostando solo por el crecimiento de las cifras sin resolver la crisis de movilidad y servicios, el «milagro económico» podría terminar siendo solo una ilusión estadística para los ciudadanos.
Redacción/El Nuevo Orden