La UANL organiza su XV Encuentro de Egresados de teatro y danza, un evento que, aunque celebra el talento, también pone de relieve la precaria situación laboral que enfrentan los artistas al salir de la universidad. Mientras se aplaude en las funciones, la realidad del gremio es de falta de espacios permanentes.
La muestra artística sirve como escaparate temporal, pero no resuelve la carencia de políticas públicas que garanticen una vida digna para quienes se dedican a las artes en Nuevo León. El «reencuentro» anual se convierte a veces en el único momento de visibilidad para compañías que operan sin presupuestos fijos.
Mientras la universidad presume sus estadísticas de egresados, muchos de ellos deben emigrar o dedicarse a otras actividades debido a la centralización de los recursos culturales. La «gran fiesta de las artes» de la UANL contrasta con el olvido institucional que sufren los foros independientes en el estado.
El discurso oficial sobre el desarrollo humano a través de la cultura se queda corto si no se traduce en incentivos reales para la creación. El bienestar de los artistas no debe depender de una función anual, sino de un mercado cultural sólido que la administración actual no ha sabido fomentar.
El XV Encuentro es necesario, pero debería ser una crítica a la falta de orden en la promoción artística regional. La danza y el teatro en Nuevo León requieren menos eventos de lucimiento institucional y más estrategias de fondo para que el talento no se pierda tras la graduación.
Redacción/El Nuevo Orden