El operativo de Semana Santa en Monterrey cerró con 137 detenidos, una cifra que refleja un entorno de tensión en lugar del ambiente familiar que presume la autoridad. Mientras el municipio celebra las estadísticas, la percepción de inseguridad entre los regios sigue siendo un reto que no se resuelve solo con arrestos.
A pesar del despliegue policial, los delitos menores y las faltas administrativas siguen siendo el foco de atención, evidenciando una falta de estrategia preventiva de fondo. El bienestar de los ciudadanos que se quedaron en la ciudad se vio empañado por la presencia constante de conflictos en la vía pública.
La gestión de Adrián de la Garza apuesta por la fuerza pública como principal herramienta, olvidando que la seguridad real requiere orden estructural y programas de impacto social. Los 137 detenidos son solo un síntoma de una metrópoli que requiere más que patrullajes temporales para pacificar sus calles.
La administración municipal se apresuró a difundir los números del operativo para proyectar una imagen de control que no siempre se siente en las colonias más apartadas del centro. La seguridad no debería ser solo una «gestión de asueto», sino un compromiso diario y transparente con la población.
El saldo de este periodo vacacional deja claro que la tranquilidad en Monterrey sigue siendo frágil. Mientras el gobierno se enfoca en el lucimiento mediático de sus operativos, la ciudadanía espera soluciones de largo plazo que garanticen un estado de derecho real y permanente en la capital.
Redacción/El Nuevo Orden