El Aeropuerto Internacional de Monterrey enfrenta una crisis de operatividad que ha llevado a los diputados locales a exigir cuentas claras a sus administradores. Las fallas recurrentes evidencian una falta de inversión real frente al discurso de modernidad estatal.
Usuarios han denunciado desde sistemas colapsados hasta instalaciones en mal estado, lo que contrasta con las altas tarifas que cobra el aeropuerto. Los legisladores cuestionaron por qué, ante el aumento de vuelos, la calidad del servicio sigue en declive constante.
Mientras el gobierno estatal presume la llegada de inversiones globales, la principal puerta de entrada a Nuevo León ofrece una experiencia de caos y retrasos. La infraestructura aeroportuaria se ha convertido en un cuello de botella que frena la competitividad del estado.
La complacencia de las autoridades federales y estatales ante la administración de OMA fue señalada por los diputados como un factor que agrava el problema. Exigieron que las ganancias del aeropuerto se reflejen en mejoras tangibles y no solo en reportes financieros para inversionistas.
El bienestar de los viajeros y la imagen de Monterrey están en riesgo debido a una gestión que prioriza el ahorro sobre la eficiencia. La presión del Congreso busca forzar cambios estructurales en un servicio que actualmente no cumple con las necesidades básicas de la región.
Redacción/El Nuevo Orden