La Secretaría de Salud de Nuevo León finalmente ha emitido una alerta por dengue, un anuncio que llega cuando el zumbido de los mosquitos ya es parte de la vida diaria en muchas colonias. Mientras el gobierno presume planes de prevención, la falta de orden en la recolección de basura y el abandono de lotes baldíos demuestran que la salud pública sigue sin ser la prioridad real.
El bienestar de los ciudadanos se ve amenazado por una burocracia que prefiere las campañas de imagen antes que invertir en una infraestructura de servicios públicos eficiente. Pedirle a la gente que «voltee sus botes» es insuficiente si las plazas públicas y los arroyos de Monterrey siguen siendo criaderos gigantes permitidos por la autoridad.
Es irónico hablar de «vanguardia en salud» cuando cada año Nuevo León se ve rebasado por enfermedades que podrían controlarse con una planeación urbana básica. La falta de transparencia en las cifras de contagio genera desconfianza en una población que ve cómo la inseguridad y la contaminación ahora se suman a los riesgos epidemiológicos de siempre.
La gestión de Samuel García suele apostar por el marketing digital para resolver crisis, pero el dengue se combate en las calles, no en Instagram. La ciudadanía exige menos discursos y más acciones concretas de limpieza integral, asegurando que el presupuesto de salud llegue de verdad a las colonias más vulnerables donde el mosquito ya es el rey.
La alerta por dengue es el reconocimiento de un fracaso en la prevención. Si el estado no logra poner orden en sus programas de saneamiento básico, seguiremos atrapados en un ciclo de alertas anuales que solo sirven para ocultar la incapacidad de un gobierno que prefiere los grandes eventos internacionales sobre la salud diaria de sus habitantes.
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Redacción/El Nuevo Orden