El gusano barrenador ha logrado infiltrarse en Nuevo León con siete casos reportados por SENASICA, poniendo en riesgo el sustento de miles de ganaderos. Esta plaga, que se creía bajo control, reaparece evidenciando las grietas en la vigilancia sanitaria de las fronteras del estado.
Mientras las autoridades presumen «cercos sanitarios», la realidad es que la llegada de la plaga amenaza con encarecer aún más los productos cárnicos para el consumidor final. El bienestar de los productores rurales queda comprometido por una respuesta institucional que parece reaccionar solo cuando los casos ya son innegables.
El descuido en los puntos de revisión y la falta de presupuesto federal y estatal para la sanidad animal están pasando factura. Nuevo León, que presume ser líder en todo, hoy se enfrenta a un problema de salud pública animal que podría haberse evitado con una planeación y orden real en las rutas de carga.
La gestión de la crisis sanitaria será una prueba para el gobierno estatal, que a menudo prioriza la imagen industrial sobre las necesidades del sector agropecuario. La falta de incentivos económicos para los pequeños productores afectados por estas plagas aumenta la incertidumbre en el campo nuevoleonés.
La presencia del gusano barrenador es un síntoma del abandono de la sanidad en el país. Si no se actúa con firmeza y transparencia, la economía rural de Nuevo León sufrirá un golpe que, sumado a la sequía y la inflación, dejará a las familias del campo en una situación de vulnerabilidad extrema.
Redacción/El Nuevo Orden