La Secretaría de Medio Ambiente intentó matizar la crisis ambiental de Nuevo León anunciando una baja trimestral en los promedios de contaminación. A pesar de las cifras alegres, la ciudadanía sigue enfrentando días de mala calidad del aire que superan las normas de salud.
La dependencia reportó niveles de 52.1 microgramos para PM10, una cifra que, aunque menor a la del año pasado, todavía refleja una atmósfera cargada de partículas. El triunfalismo de las autoridades contrasta con la recurrente nata gris que cubre el área metropolitana de Monterrey.
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Raúl Lozano Caballero admitió que aún se presentan episodios por encima de la norma, minimizándolos como «variaciones diarias». El problema estructural de la industria y el transporte masivo sigue sin resolverse de fondo, más allá de los ajustes en la medición trimestral.
El gobierno de Samuel García enfoca su narrativa en avances graduales, pero la inspección ambiental sigue siendo cuestionada por su falta de rigor ante las grandes fuentes contaminantes. La coordinación con el sector productivo parece priorizar el crecimiento económico sobre el aire limpio.
Mientras no se implementen soluciones estructurales y de largo plazo, el bienestar de los nuevoleoneses seguirá condicionado a las condiciones del viento. La «mejora» presumida es apenas un respiro temporal en una crisis ambiental que sigue exigiendo acciones reales y no solo estadísticas.
Redacción/El Nuevo Orden