Turismo masivo ha provocado un escenario de caos en el pueblo japonés de Fujiyoshida, donde la viralización de imágenes del monte Fuji ha desatado una avalancha de visitantes nacionales y extranjeros.
Turismo masivo ha llevado a que este tranquilo barrio residencial enfrente problemas graves como saturación de calles, acumulación de desechos y conductas irrespetuosas por parte de algunos turistas que afectan directamente a los habitantes.
El impacto ha sido tal que las autoridades locales optaron por cancelar el festival de los cerezos en flor y limitar el acceso a la zona, buscando contener la llegada de más visitantes y proteger la seguridad de los residentes.
Además, se han implementado medidas como controles de tránsito, aumento de personal de seguridad y restricciones para autobuses turísticos, obligando a los visitantes a desplazarse a pie.
El caso refleja un problema creciente en Japón, donde el aumento del turismo internacional choca con la capacidad de las comunidades para gestionar grandes flujos de personas.