La votación de la ONU para reabrir el Estrecho de Ormuz evidenciará las divisiones entre potencias sobre cómo enfrentar la crisis en la región.
El bloqueo impulsado por Irán ha paralizado una de las rutas más estratégicas del mundo, afectando el flujo de energía y elevando la presión internacional.
Aunque inicialmente se planteó permitir el uso de la fuerza, la propuesta fue suavizada ante el rechazo de países con poder de veto como China y Rusia.
La versión final se enfoca en acciones defensivas y cooperación internacional, lo que limita el alcance de una respuesta contundente.
El caso refleja las dificultades del sistema multilateral para responder con rapidez y eficacia ante crisis que impactan la economía global.
Redacción/El Nuevo Orden