La relación diplomática entre Estados Unidos y Irán atraviesa un nuevo momento de tensión tras las recientes declaraciones del presidente Donald Trump, quien afirmó que no está satisfecho con el rumbo de las conversaciones sobre el programa nuclear iraní.
Las negociaciones, que involucran también a otros actores internacionales, buscan establecer límites claros al desarrollo nuclear de Irán y garantizar que sus instalaciones sean supervisadas por organismos internacionales.
Desde Washington se insiste en que el objetivo es evitar que Teherán desarrolle capacidades nucleares militares, algo que podría alterar el equilibrio estratégico en Medio Oriente.
Estados Unidos ha mantenido durante años una política de presión hacia Irán que incluye sanciones económicas, restricciones comerciales y medidas diplomáticas.
De acuerdo con analistas internacionales, las sanciones han afectado significativamente la economía iraní, particularmente en sectores clave como el petróleo y el sistema financiero.
Irán, por su parte, ha criticado las presiones estadounidenses y ha señalado que continuará defendiendo su derecho al desarrollo tecnológico y nuclear con fines pacíficos.
La posibilidad de que las negociaciones fracasen ha generado preocupación entre diversos países europeos, que buscan evitar un nuevo conflicto en Medio Oriente.
Observadores internacionales advierten que cualquier confrontación directa entre Estados Unidos e Irán tendría consecuencias globales, especialmente en los mercados energéticos y en la estabilidad política de la región.