En Scream 7, el terror vuelve a tocar la puerta de Sidney Prescott cuando un nuevo asesino emerge para recordarle que el pasado nunca desaparece del todo. La tranquilidad que había conseguido se desmorona al ver que su hija está en la mira de Ghostface, obligándola a enfrentarse nuevamente a la violencia que marcó su vida.
Con 114 minutos de duración y clasificación B15, la película mantiene el tono de suspenso y brutalidad que caracteriza a la franquicia.
El regreso de Neve Campbell y Courteney Cox aporta un fuerte componente emocional. Verlas compartir pantalla reactiva la esencia de las primeras entregas y provoca reacciones nostálgicas entre el público. La apuesta más arriesgada es la inclusión de la inteligencia artificial como parte central de la narrativa, planteándola como un recurso capaz de manipular recuerdos e imágenes, una herramienta moderna que intenta actualizar el discurso del slasher clásico.
Sin embargo, aunque la propuesta tecnológica resulta interesante, la historia termina apoyándose más en la fórmula tradicional que en su innovación. Los sobresaltos son previsibles y el patrón de aparición de Ghostface se siente familiar. A pesar de ello, la violencia gráfica y la creatividad en las muertes elevan la intensidad, ofreciendo una experiencia más cruda que en capítulos anteriores.
Scream 7 es, en esencia, un homenaje sangriento para los fans de la saga y para quienes disfrutan del terror slasher en su estado más puro.