El conflicto entre Rusia y Ucrania vive una nueva jornada de alta tensión. Mientras delegaciones de ambos países participan en negociaciones de paz en Ginebra, ataques masivos con drones y misiles volvieron a impactar infraestructura energética ucraniana, dejando ciudades sin electricidad, agua ni calefacción en pleno invierno.
De acuerdo con reportes internacionales, Rusia lanzó cerca de 400 drones y decenas de misiles contra instalaciones estratégicas, provocando heridos civiles y daños en viviendas, transporte e infraestructura ferroviaria. Autoridades ucranianas calificaron la ofensiva como un intento deliberado de debilitar la resistencia del país y presionar en la mesa de negociación.
El presidente ucraniano advirtió que los ataques contra el sistema energético seguirán afectando la vida cotidiana de millones de ciudadanos, mientras exige más sanciones internacionales contra Moscú y mayor apoyo militar de aliados occidentales.
En paralelo, las negociaciones continúan con pocas expectativas de avances inmediatos, principalmente por desacuerdos sobre territorios ocupados en el este de Ucrania, especialmente la región de Donetsk, donde Rusia exige concesiones territoriales que Kiev rechaza.
El contexto actual confirma que la guerra mantiene su doble frente: militar en el terreno y diplomático en el ámbito internacional, sin señales claras de un alto al fuego cercano.